jueves, 6 de marzo de 2008

DIRECTORIO | Todo Para Peques


Directorio
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martes, 4 de marzo de 2008

LOS NIÑOS QUE NO QUERÍAN RECOGER | Todo Para Peques

Había una vez tres niños que no querían nunca recoger sus juguetes. Por más que se lo dijeran a su mamá o su papá ellos nunca recogían.

Un día su mamá llegó de una reunión del cole con su profesora Maripi y vio que estaban todos los juguetes tirados por el suelo.

Mamá preguntó:

- ¿por qué están todos los juguetes tirados por el suelo? – pero solo contestó la abuela.

- Pues porque son muy desobedientes, les he dicho un montón de veces que recojan y no han querido, así que estoy muy enfadada con ellos -.

Entonces su mamá también se enfadó con ellos y les dijo:

- Si no recogéis los juguetes nunca, un día desaparecerán todos -.

Irene contestó:

- No te creo mamá, los juguetes no pueden desaparecer -.

Y su mamá les dijo:

- Pues no te lo creas, ya veréis cuando busquéis vuestros juguetes y no los encontréis -.

Los niños comenzaron a reírse porque pensaban que mamá les estaba gastando una broma.
Entonces, en un lugar muy lejano dónde viven los reyes magos los estaban viendo todo y decidieron que si los niños no recogían sus juguetes era porque no los querían.

- Mandaremos a nuestros pequeños duendes a buscar todos los juguetes de esos niños – dijo Melchor.
- Eso es, y los guardaremos aquí – dijo Gaspar.

Cuando llegó la noche, los niños se fueron a dormir, entonces igual que la noche mágica de los reyes magos en la que los niños no ven ni oyen a los reyes llegaron los duendes y sin hacer ningún ruido se llevaron todos los juguetes de los niños.

A la mañana siguiente cuando los niños despertaron y descubrieron que no tenían juguetes le preguntaron a su mamá:

- Mamá, mamá, ¿Dónde están nuestros juguetes?, ¿los has tirado?, ¿Qué has hecho con ellos? -.
- Yo no he tirado vuestros juguetes, simplemente han desaparecido, habrá sido cosa de los duendes mágicos -.
- ¿los duendes mágicos? – preguntó Maria - ¿Quiénes son? -.
- Los duendes mágicos son los ayudantes de los reyes magos, seguramente han pensado que no queréis vuestros juguetes y se los han llevado -.
- ¡No puede ser mamá! – dijo Adrián - ¡se han llevado todos mis coches!, ¿Qué haremos ahora?, ¿cómo podremos recuperarlos? -.
- Bueno, pues seguramente tendréis que hacer méritos para volver a ganaros los juguetes, os tendréis que portar bien, recoger vuestra ropa, no pelear y saber cuidar de vuestras cosas -.
- Si mamá, así lo haremos – dijeron los niños.

Al cabo de unos días, cuando los niños se levantaron de la cama, vieron que estaban todos sus juguetes y se pusieron muy contentos.

- ¡Mira mamá, están todos mis coches! – dijo Adrián.
- ¡y todas mis muñecas! – dijo Irene.
- ¡y todos mis peluches! – dijo María.
- Aquí hay una carta de los Reyes Magos – dijo su mamá.
- Léenosla mamá, por favor -.
- Dice así -.

Queridos niños, nos llevamos vuestros juguetes porque pensábamos que no los queríais y que no los tratabais bien, pero nos hemos dado cuenta de que sois muy responsables ayudando a vuestros papás.

Hemos visto cómo les ayudabais a recoger la mesa, a ponerla, y a guardar vuestra ropa. Habéis aprendido a hacer vuestras camas y a no pelear, creemos que os merecéis otra oportunidad y que seréis suficientemente capaces de cuidar de vuestros juguetes y compartirlos con otros niños sin pelear, acordándoos al final de recogerlo todo.

Un beso muy fuerte y hasta las navidades.

- ¡Que bien mamá, nos han escrito los Reyes Magos! – gritaron los tres a la vez.
- Desde hoy vamos a cuidar nuestros juguetes para que no se estropeen y cuando acabemos de jugar con ellos los recogeremos, ¿vale mami? -.
- Vale hijos – dijo su mamá - ¡que contenta estoy de que lo hayáis entendido!, seguramente estas navidades recibiréis muchos juguetes para compartir con otros niños.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.




Autora: Maria Ortiz Ortega

EL NIÑO QUE NO QUERÍA COMER | Todo Para Peques

Había una vez un niño que no quería comer, y su mamá siempre se enfadaba con él a la hora de la comida.

- Este niño nunca quiere comer, te vas a quedar pequeño si no comes -.
- Es que no me gusta -.
- Pero Adrián, nunca te gusta nada, hijo -.
- Es que el pescado es lo que menos me gusta-.
- Pues el pescado sirve para que crezcas y seas un niño grande -.

Pero Adrián seguía sin querer comer, y así pasaban los días.

Un día Adrián se dio cuenta de que era el niño más bajito de su clase, y le preguntó a su mejor amigo:

- Oye Marcos, ¿tú por qué eres más alto que yo? -.
- Pues no lo sé – dijo Marcos – mi mamá siempre dice que hay que comer, y que hay que comer sobre todo pescado, yo como mucho pescado, ¿sabes? -.

Entonces Adrián se quedó pensativo; “¿será verdad lo que dicen mi mamá y Marcos?”.

Un día en el colegio organizaron un torneo de baloncesto, a Adrián le gustaba mucho el baloncesto y quería participar, pero no le eligieron por ser el más bajito.

Se fue muy triste a casa. Pero entonces pensó: “si hago lo que dice mi mamá, y como de todo, entonces creceré tanto como Marcos”.

Y así fue, comió y comió durante muchos días y consiguió crecer, se hizo el más alto de la clase y le eligieron para jugar al baloncesto.

Todos en su equipo estaban muy contentos porque habían ganado el torneo de baloncesto.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.



Autora: María Ortiz Ortega

EL NIÑO QUE NO QUERIA IR AL COLE | Todo Para Peques

Había una vez un niño que no quería ir al cole y hacia cualquier cosa por acostarse lo más tarde posible, su mamá le decía que si no dormía no podría aprender en el colegio nada porque tendría sueño.

- Vamos, Adrián, a la cama -.
- Jo, mami… un poquito más, déjame jugar un poquito más -.
- No puede ser Adrián, mañana tienes que madrugar para ir al cole -.
- Pero es que yo quiero jugar a los coches, mami… -.
- No Adrián, aún tienes que lavarte los dientes, venga, date prisa -.
- ¡jo!... que rollo, siempre igual – dijo Adrián enfadado -.

Adrián se lavó los dientes y se metió en la cama.

- Buenas noches mamá, dame un besito -.

Su mamá le dio un beso de buenas noches y apagó la luz.

Pero Adrián que no quería dormir se levantó de la cama y estuvo corriendo por el pasillo para arriba y para abajo, para arriba y para abajo.

Entonces sus papás se enfadaron y le dijeron:

- Adrián, si te vuelves a levantar te quedarás sin tus coches favoritos -.

Y Adrián se quedó en la cama pensativo: “jolines, que rollo… siempre tengo que acostarme pronto mientras mis papás ven la tele, y yo aquí, en la cama durmiendo”.

A la mañana siguiente, Adrián se levantó de la cama y fue al baño, pero cual fue su sorpresa al ver que ya era mayor.

Salió gritando:

- ¡Mamá, mamá, que bien, ya soy mayor, ya no tendré que ir al cole ni hacer los deberes! -.

Entonces su madre que era viejecita le dijo:

- Anda, Adrián, léeme está carta del tío Pepe que yo no veo bien -.

Y Adrián se dio cuenta de que no sabía leer.

- Mamá, no sé leer… -.
- Es cierto – dijo su mamá – como no quisiste ir al cole no sabes leer -.
- Bueno, pues ves a la carnicería y me compras unos filetes para comer -.

Adrián fue a la carnicería a comprar, pero se dio cuenta de que tampoco sabía contar el dinero para pagar.

Cuando llegó a casa, estaba muy triste.

- Mamá, tampoco he sabido contar el dinero para pagar la compra -.
- Bueno hijo, no te preocupes – dijo su madre – no querías ir al cole y no has ido, ¿Por qué ahora no estás contento? -.
- Porque no sé nada de nada mamá, no sé leer, no sé escribir, no sé contar, no sé nada de nada -.
- Hijo, ¿Qué querías ser cuando fueras mayor? -.
- Médico – dijo Adrián.
- Pues para ser médico tienes que estudiar mucho, y estudiar mucho desde pequeñito, porque sino no podrás cumplir tus sueños -.

Entonces se oyó la voz de su madre que decía:

- ¡Adrián, Adrián, date prisa o llegarás tarde al cole! -.

Adrián se dio cuenta de que lo había soñado todo y que seguía siendo un niño, se levantó de un salto de la cama y le dijo a su mamá:

- Mami, voy a ir al cole todos los días, llegaré el primero y haré muy bien los deberes porque de mayor quiero ser médico, ¿sabes? -.
- Me parece muy bien hijo, ¡que contenta y que orgullosa estoy de ti!, estoy segura de que serás un gran médico -.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.




Autora: Maria Ortiz Ortega

LA NIÑA DESOBEDIENTE | Todo Para Peques

Había una vez, dos hermanas pequeñas que se llamaban Irene y Marta y siempre les gustaba ir con su mamá a comprar.

- Mira mamá, ¿Qué fruta es esa? – dijo Irene.
- Cerezas – dijo su madre.
- ¿y esa? – preguntó Maria.
- Manzana –
- ¿y esa? –
- Pera -.

Irene y María eran muy inquietas y también les gustaba hacer toda clase de preguntas, pero tenían un defecto y es que no les gustabas nada obedecer.

Un día cuando fueron de compras con su mamá a la frutería, las niñas salieron corriendo porque vieron unos globos que querían coger. Cuando se dieron la vuelta no vieron a su mamá y se asustaron mucho.

Siguieron corriendo y llegaron hasta una puerta, la atravesaron y vieron que había una selva, entonces vino un mono y les preguntó:

- ¿Qué os pasa?, ¿por qué estáis llorando? –
- Porque no encontramos a nuestra mamá, nos hemos perdido y ahora no sabemos volver a casa-.
- Mala cosa, mala cosa – dijo el mono muy preocupado.
- ¿puedes ayudarnos, por favor? – preguntaron las niñas.
- Bueno, iremos a ver al león que es el rey de esta selva, a ver que puede hacer-.

Y caminaron, y caminaron y caminaron y por fin llegaron hasta una cueva.

- Entremos – dijo el mono – aquí es dónde vive el león -.
- Es que me da un poco de miedo, ¿y si el león me come? – dijo Irene -.
- No te comerá, es un león vegetariano -.
- ¿vegetariano? ¿dónde se ha visto un león vegetariano? – preguntó María.
- En el mismo sitio en que los niños no obedecen a sus papás – dijo el mono enfadado.
- Bueno, bueno no te pongas así, entremos, pero si nos come la culpa será tuya -.
- Uffff… - dijo el mono - ¡que pesadas! -.
- ¿quién hay ahí? – gritó el león con voz grave.

Las niñas muy asustadas respondieron:

- Somos Irene y María, ¿podemos pasar? -.
- ¡Ah… si, Irene y María! Las niñas desobedientes – dijo el león – pasad por favor.
- ¿Cómo sabes quienes somos? -.
- Yo lo sé todo. Aquí llegan muchos niños desobedientes, y ya tengo experiencia en saber quién sois cada uno y si regresareis a vuestras casas o no.
- Pero nosotras solo queremos volver a casa con mamá y papá – dijeron las niñas sollozando.
- Bueno, bueno, niñas no lloréis, sólo tenéis que superar una prueba -.
- ¿es muy complicada? – preguntó Irene.
- Púes según se mire, ¿sois unas niñas listas?-.
- Creo que sí – dijeron.
- ¿y por dónde habéis venido? – dijo el león.
- Atravesamos una puerta y llegamos hasta aquí -.
- ¿y antes de eso que pasó? -.
- Que salimos corriendo porque queríamos coger un globo -.
- ¿y antes de eso? – volvió a preguntar el león.
- Pues mi mamá gritaba – dijo María pensativa.
- ¿y que decía? – preguntó el león.
- Creo que decía “niñas no corráis, os perderéis, ¡venid aquí inmediatamente! -.
- ¿y por qué habéis corrido y no habéis hecho caso a mamá? -.

Irene y María, sin poder dejar de llorar le dijeron:

- Porque somos unas desobedientes, pero prometemos que no lo haremos más, iremos siempre de la mano de mis papás -.

De repente las niñas oyeron la voz de su madre:

- Chiquitinas, ¿Qué hacéis ahí sentadas?¿os habéis caído? -.

Las niñas al ver a su madre se pusieron muy contentas.

- Mami, mami, ¡estás aquí!, te vamos a obedecer siempre, ¿sabes?, vamos a ir de tu mano, y no saldremos corriendo nunca más -.
- Cuanto me alegra oír eso – dijo su mamá - ¿Qué es lo que os ha hecho cambiar de idea? -.

Irene y María contaron todo lo que les había ocurrido a su madre.

- Pero que imaginación tenéis, niñas -.

Y las tres se fueron riendo y jugando a casa.

Colorín colorado, este cuento se ha acabado.







Autora: María Ortiz Ortega

domingo, 2 de marzo de 2008

CUENTO DE LA DAMA Y EL VAGABUNDO DE DISNEY | Todo Para Peques

Página en contrucción...

CUENTO DE 101 DALMATAS | Todo Para Peques

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Esta historia sucedió hace mucho tiempo en el corazón de la ciudad de Londres, dónde vivían felices dos preciosos y encantadores dálmatas, Perdita y Pongo, en una casita del centro de la ciudad, con sus amos, Anita y Roger.
Roger era pianista, y se pasaba el dia sentado al piano componiendo preciosas melodias; a Anita le gustaba mucho escucharle porque era un excelente músico.
Anita y Roger tenían a su servicio a una dulce señora, ya mayor, llamada Nani. Aquel día, Nani había limpiado cuidadosamente el sótano Perdita estaba a punto de dar a luz.
Pongo y Roger esperaron en el salón, llenos de impaciencia, el gran acontecimiento. Por fin se abrió la puerta del sótano y apareció Nani.
-¡Son nueve! -anunció
-¡Once! -gritó Anita desde abajo-.
-¡No, trece!
Poco después, se enteraron del número definitivo: ¡Quince!
¡Quince cachorros! Pongo se sintió orgullosísimo... y completamente feliz.
-¿Qué vamos a hacer con tantos? -preguntó Roger, al verlos.
-¡Quedarnos con ellos, naturalmente -respondió Nani, meciendo a los tiernos cachorritos.
Precisamente esa noche, la malvada Cruella de Vil fue a visitar a Anita, su antigua amiga del colegio. Cuando vio los cachorros, quiso comprarlos todos.
-Os pagaré lo que me pidáis -dijo
-No están en venta -respondió Roger señalando la puerta.
Pongo empezó a gruñir y a enseñarle los dientes. Entonces Cruella, furiosa, se fue dando un portazo.
-¡Quiero esos cachorros! -murmuró Cruella al salir-. ¡Y los tendré!
Entonces se dirigió a casa de sus esbirros, Horacio y Gaspar, y les expuso su malvado plan.
-Esperaremos a que les salgan las malditas manchas en la piel -les dijo-. Y entonces, aprovechando el paseo nocturno de Pongo y Perdita con sus amos, actuaremos. Aquella noche, como siempre, Roger y Anita fueron a dar un paseo por el parque, después de dejar a los cachorros dormidos y al cuidado de Nani.
En cuanto Horacio y Gaspar les vieron alejarse entraron en la casa, encerraron a Nani y metieron en un saco a los perritos.
Cuando regresaron Roger llamó a la policía, los cachorros habían desaparecido. Pero Pongo y Perdita pensaron que la "llamada del crepúsculo", el teléfono perruno, sería de mayor ayuda.
-¡GUAU! ¡GUAUUUU! -ladró Pongo, con todas sus fuerza.
Sus mensaje acabó siendo escuchado por un gran danés, que vivía en las afueras, y se encargó de pasarlo de esta manera a otros perros, y así llegó a todos los rincones del país.
-¡QUINCE CACHORROS DÁLMATAS DESAPARECIDOS!
Por fin la noticia llegó hasta el Coronel de la granja junto a la mansión de Vil.
-Quizás estén allí -dijo el gato Tibbs.
-¿Dónde? -preguntó el Coronel.
-Esta noche he oído ruido en la mansión. Me dio la impresión de que había muchos cachorros, porque no paraban de ladrar.
-Vamos a echar un vistazo! -ordenó el Coronel.
-¡Por mis bigote! -exclamó asombrado a asomarse por la ventana -¡Son muchísimos! ¡Tendremos que comunicarlo a Londres rápidamente.
Pongo llevaba toda la noche junto a la ventana.
-Escucha...¡GUAU, GUAU, GUAU! Los han encontrado en una antigua casa de campo -dijo a Perdita.
Los dos perros se pusieron en marcha y corrieron hasta que por fin llegaron a la granja del Coronel y sus compañeros.
Allí les pusieron al corriente de lo que habían visto.
Cuando llegaron a la casa, los esbirros de Cruella estaban viendo la televisión. Aún no había llegado el terrible momento: tenían que matar a los cachorros.
-Son muchos... -dijo Perdita, contando los perritos-. 1,2,3,4..., 65...,98... ¡Pongo, son 99!
-No te preocupes -murmuró Pongo-, Los llevaremos a todos.
Y sigilosamente por un agujero fueron saliendo uno a uno sin que Horacio y Gaspar se dieran cuenta.
Pero al acabar el programa de TV que estaban viendo comenzaron a buscar por todos los rincones.
-¡Allí están! -gritó Cruella que llegaba en ese momento.
-Se dirigen a la vieja granja
Los perritos asustados echaron a correr mientras el gato y el caballo amigos del Coronel les daban su merecido.
-Tenemos que buscar un lugar donde refugiarnos -dijo Perdita en voz baja-. Los cachorros no resistirán mucho tiempo. Tienen hambre, frío y están muy cansados.
-Venid a mi granja -les dijo un elegante collie, saliendo a su encuentro-. Pasaréis la noche en el establo con las vacas, ellas darán leche a los cachorros
Después de llenar el estómago, los cachorros agotados, se quedaron dormidos sobre la suave y perfumada paja.
Mientras el collie comunicó su plan a Pongo y Perdita.
-Mañana iréis al pueblo.
Los amos de mi amigo tienen un almacén y ante la puerta estará aparcado un camión de mudanzas. Os meteréis en él y os llevará a vuestra casa.
-Pero los esbirros de Cruella nos perseguirán -dijo Perdita
-Todo irá bien -respondió Pongo para tranquilizarla.
Al día siguiente se dirigieron al almacén pero a pesar de los esfuerzos de Pongo por borrar sus huellas de la nieve, sus enemigos las encontraron.
¡Cruella y sus hombres sabían la dirección que habían tomado!
Cuando los perros se disponían a subir al camión, vieron llegar el coche de Cruella.
-¡Rápido! -dijo el labrador-, escondeos en el sótano.
A través de la ventan, Pongo, Perdita y el labrador vieron cómo Cruella, furiosa, bajaba del coche:
-¡Sois unos ineptos! - gritaba
Los cachorros ajenos al peligro se pusieron a jugar con el carbón.
-¡Oh, no! -les dijo Perdita
-¡No te preocupes! -dijo Pongo, revolcándose él también.
-Se me ha ocurrido una idea.
-Ya lo entiendo -dijo el labrador-, ahora podréis pasar por perros labradores y escapar.
Y así fueron saliendo del almacén y subiendo al camión ante los ojos de Cruella y sus esbirros. Pero de repente, a uno de los cachorros le cayó un copo de nieve, se le quitó el hollín y volvió a ser ¡un dálmata!
-¡Ahí están! -gritó Cruella.
Pero el camión ya había arrancado dirección Londres con los perritos.
Cruella furiosa siguió al vehículo, pero resbaló en una curva y el coche quedó destrozado en la cuneta.
Mientras en casa, Anita estaba decorando el árbol de Navidad y Roger la miraba triste en su butaca.
-No puedo creer que Pongo y Perdita nos hayan abandonado -dijo Roger
De pronto
-¡GUAU, GUAU!
-¡Son ellos! -grito Anita
-¡son ellos Roger!
-Mira, ¡hay noventa y nueve cachorros! -No importa -dijo Roger, completamente feliz-.
¡Nos quedamos con todos!
Y como esta casa es muy pequeña, ¡compraremos otra más grande en el campo!
Los cachorritos...